La piel de la mujer embarazada y del recién nacido necesita una atención especial. Desde una mirada sanitaria, el objetivo no es solo “cuidar la apariencia”, sino prevenir problemas, detectar signos de alarma a tiempo y promover hábitos saludables que protejan la salud de la madre y del bebé en el presente y en el futuro.

La piel en el embarazo: cambios normales y señales de alerta

Durante el embarazo, las hormonas y los cambios circulatorios hacen que la piel se transforme. Pueden aparecer estrías, manchas (como el cloasma o “paño”), picor leve, mayor sensibilidad al sol o sequedad. La mayoría de estos cambios son fisiológicos, es decir, normales, y se pueden manejar con medidas sencillas:

  • Hidratación diaria con productos adecuados para piel sensible.
  • Ropa cómoda, de algodón y que no apriete.
  • Evitar agua muy caliente en la ducha y jabones agresivos.

Sin embargo, hay signos que NO deben normalizarse: picor intenso que no deja dormir, lesiones muy rojas, dolorosas, ampollas, o síntomas generales como fiebre o malestar. En estos casos es importante consultar con profesionales sanitarios (matrona, médico de familia, dermatólogo) para descartar otras patologías.

La piel en el postparto: recuperación y autocuidado

Tras el parto, la piel de la madre sigue cambiando. Pueden persistir manchas, estrías, sensación de flacidez o sequedad, y también problemas relacionados con la lactancia, como grietas en el pezón o irritación de la areola. Un buen autocuidado ayuda a mejorar la recuperación física y el bienestar emocional:

  • Mantener la hidratación de la piel con productos seguros para la lactancia.
  • Cuidar el pecho con una buena técnica de agarre del bebé y revisión por profesionales si hay dolor o lesiones.
  • Proteger cicatrices (cesárea, episiotomía) siguiendo las indicaciones sanitarias para evitar infecciones y favorecer una buena cicatrización.

La promoción de la salud en esta etapa incluye también respetar los tiempos de descanso, pedir ayuda y hablar de cómo se encuentra la madre, porque la piel también “refleja” el cansancio y el estrés.

La piel del bebé y del niño: higiene y prevención

La piel del recién nacido es inmadura, fina y delicada. Por eso es más vulnerable a la deshidratación, la irritación y las infecciones. Un cuidado adecuado desde el principio es una herramienta básica de prevención:

  • Higiene suave, sin exceso de productos, utilizando limpiadores específicos para bebés.
  • Secar bien todos los pliegues (cuello, ingles, axilas) sin frotar.
  • Cuidar la zona del pañal, cambiando con frecuencia, dejando airear cuando sea posible y utilizando cremas barrera si se irrita la piel.

Además, es importante conocer algunas patologías frecuentes (dermatitis del pañal, costra láctea, piel atópica, irritaciones por sudor) y cuándo consultar. Si aparecen heridas, supuración, fiebre, mal estado general o lesiones que empeoran a pesar de los cuidados básicos, se debe acudir al pediatra o a enfermería pediátrica.

Fotoprotección: cuidar la piel hoy para evitar problemas mañana

La exposición solar sin protección en embarazadas y niños aumenta el riesgo de manchas, quemaduras y, a largo plazo, de cáncer de piel. Por eso, la fotoprotección es una medida clave de promoción de la salud:

  • Evitar el sol directo en las horas centrales del día.
  • Utilizar ropa, gorra o sombrero y gafas homologadas.
  • Aplicar fotoprotector adecuado: en embarazadas, con filtros seguros y alta protección; en bebés, siguiendo las recomendaciones de edad y evitando el sol directo en menores de 6 meses.​

La educación en fotoprotección desde la infancia crea hábitos que acompañarán al niño toda la vida y que pueden reducir problemas cutáneos en la edad adulta.

El cabello en el embarazo, postparto y en la infancia

Los cambios hormonales también afectan al cabello. En el embarazo suele notarse el pelo más fuerte y abundante, mientras que en el postparto es frecuente la caída capilar temporal (efluvio telógeno), que puede generar preocupación. Explicar que esta caída suele ser pasajera y que se puede acompañar con una alimentación equilibrada, un adecuado descanso y productos capilares suaves ayuda a tranquilizar y prevenir prácticas inadecuadas (como el abuso de tratamientos agresivos).

En los niños, el enfoque está en la prevención: higiene con champús suaves, revisión del cuero cabelludo ante cualquier picor o descamación, y educación sobre el cuidado del cabello (por ejemplo, evitar peinados muy tirantes que puedan dañar el pelo).

El valor de la educación para la salud y los talleres

Celebramos el primer taller en REDMADRE Sevilla, con la participación de farmacéuticas voluntarias del Grupo de Acción Embarazo, Lactancia y pediatría del Colegio Farmacéutico de Sevilla y la colaboración de empresas dermocosméticas, permiten acercar información rigurosa y práctica a las familias. No se trata solo de enseñar “productos”, sino de explicar por qué la piel es un órgano clave, cómo cuidarla en cada etapa y qué señales indican que hay que pedir ayuda profesional.

Desde una perspectiva de salud pública, estas actividades son una herramienta muy eficaz de prevención y promoción de la salud: reducen riesgos, empoderan a las madres, mejoran el bienestar de los bebés y fortalecen la confianza en los profesionales sanitarios. Integrar estos contenidos en el día a día de las familias es invertir en salud hoy y en el futuro.

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